El “truco” legal para vender remedios sin eficacia ni vigilancia

Por Fernando Frías (El fondo del asunto)

Una de las cosas que, en un rapto de optimismo, habría que esperar de los políticos es que se dejasen guiar por la evidencia, al menos cuando resulta prácticamente incontrovertible. En la realidad que nos rodea hay muchas “zonas grises”, pero hay también datos que son palmarios: o los teléfonos móviles causan interferencias en los aparatos de medida de las gasolineras o no los causan (o provocan o no provocan incendios); o funciona realmente eso de la publicidad subliminal o no es más que una leyenda urbana.

Pero claro, los políticos no funcionan realmente así. De modo que tenemos que apagar el móvil al repostar combustible y los publicistas tienen prohibido recurrir a un método que, de todos modos, no funcionaría.

Y los remedios homeopáticos se venden en farmacias como si fueran medicamentos.

El régimen legal europeo sobre medicamentos, que empezó a gestarse en los años sesenta del pasado siglo, se basa en la evidencia científica: antes de poder sacar un producto al mercado, los laboratorios deben acreditar ante las autoridades sanitarias su seguridad y su eficacia. Y, a lo largo de la vida comercial del producto, los sistemas de farmacovigilancia se encargan de comprobar si las nuevas evidencias y los datos obtenidos por el uso del producto confirman o no esa seguridad y eficacia. Todos conocemos casos de medicamentos que han sido retirados del mercado por producir efectos adversos que pasaron inadvertidos durante la fase de evaluación previa a la autorización (generalmente porque afectan a un porcentaje tan pequeño de sus usuarios que no pudieron ser detectados en los estudios clínicos) o porque nuevas pruebas científicas han puesto en duda su eficacia. Y aunque no los lleguemos a conocer, son muchos más los casos de productos que ni siquiera llegan a salir al mercado, por no conseguir demostrar que realmente sirvan para algo.

Este sistema, sin embargo, dejaba fuera de juego a los productos homeopáticos. Por su proceso de elaboración, los productos homeopáticos contienen cantidades mínimas o, más frecuentemente, ni una sola molécula de principio activo, y como es lógico no han conseguido nunca demostrar una eficacia mayor que la de cualquier otro placebo. Sin embargo, aunque su participación en el mercado de los medicamentos es inferior a la que los propios homeópatas proclaman, sigue moviendo grandes sumas de dinero y resulta un sector económicamente importante, en especial en países tan influyentes como Francia o Alemania.

De modo que, en 1992, la Unión Europea aprobó una Directiva específica para la autorización como medicamentos de los productos homeopáticos, con una característica especial: permitía su aprobación a través de un procedimiento simplificado mediante el cual los fabricantes no tenían que demostrar la eficacia de sus “remedios”. Las excusas empleadas para aprobar esta excepción al régimen general de los medicamentos fueron la imposibilidad de aplicar los sistemas científicos de evaluación de la eficacia a unos tratamientos que, según los homeópatas, son altamente personalizados, y la necesidad de proteger a las grandes industrias homeopáticas. El primer argumento es falso (como decíamos, sí se han efectuado numerosas evaluaciones de eficacia de los productos homeopáticos; lo que pasa es que ninguno de ellos las ha superado), y además es contradictorio con el segundo: la idea de unos tratamientos absolutamente individualizados no parece compatible con la elaboración industrial y venta libre de los remedios.

En la actualidad las Directivas vigentes mantienen esa extraña singularidad en el tratamiento de los remedios homeopáticos, aún más llamativa si tenemos en cuenta que otras normas europeas exigen que las afirmaciones sobre las propiedades de cualquier otro tipo de producto sean debidamente acreditadas como veraces. Si usted tiene la ocurrencia de vender un chicle asegurando que permite hacer los globos más grandes se expone a multitud de sanciones si no lo demuestra debidamente, pero si vende unas bolitas de azúcar asegurando que se trata de un medicamento homeopático con propiedades sedantes nadie podrá decirle nada aunque en realidad no provoque ni un bostezo.

Y aunque su supuesto medicamento no esté autorizado: a pesar de ese régimen benévolo, a estas alturas las autoridades sanitarias españolas no han autorizado ni un solo producto homeopático, pero toleran su venta. Gracias a esta política de hacer la vista gorda nuestro mercado se ha llenado de productos que no podrían venderse legalmente ni siquiera acogiéndose al procedimiento simplificado, pero a los que les basta con poner en su etiqueta el letrerito de “medicamento homeopático” para lograr que las autoridades miren hacia otro lado.

Que es lo habitual en estos casos. Hace poco más de un año la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados pedía al Gobierno que reconociera oficialmente a la homeopatía como “acto médico”. Y por esas mismas fechas, el “Grupo de Terapias Naturales” formado por el Ministerio de Sanidad y las Consejerías de varias Comunidades Autónomas hizo entrega de su documento titulado “Análisis de situación de las terapias naturales”, en el que reconocían que la homeopatía no cuenta con evidencias científicas que avalen su eficacia. Como ven, no tenían ni que haberse molestado en redactarlo…

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4 respuestas a El “truco” legal para vender remedios sin eficacia ni vigilancia

  1. Pingback: El “truco” legal para vender remedios sin eficacia ni vigilancia

  2. dkyz dijo:

    La caza de brujas ha llegado a España!

  3. Harry Poker dijo:

    @dkyz

    ¿De qué demonios hablas, dkyz?

  4. ender dijo:

    La pregunta sería. ¿Quién ha presionado a europa para que se tomen estas medidas? ¿Quien se esta enriqueciendo vendiendo humo?

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